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Estrategia, Inteligencia y Memoria: un Nuevo Enfoque de la Guerra de Malvinas/Falkland


Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente la posición del FAD 

Guerra de Malvinas/ Falkland: La Última Guerra entre Caballeros. 

Por Javier Rodríguez y Lucía Anahí Brogiolo. 



 Introducción: 

En memoria de todos los soldados que, con honor y valor, ofrecieron sus vidas en cumplimiento del deber y en defensa de su patria. 

Este artículo propone un nuevo análisis de la Guerra de Malvinas/Falklands, interpretándola como la última Guerra entre Caballeros, en la que se mantuvieron códigos de honor entre combatientes. 

A través de una recopilación de testimonios directos y entrevistas realizadas - por primera vez de manera conjunta a veteranos de ambos bandos - se evidencia la existencia de un respeto mutuo dentro y fuera del campo de batalla. En algunos casos, estas experiencias dieron lugar, con el tiempo, a gestos de reconocimiento e incluso a vínculos de amistad forjados desde el dolor compartido y la comprensión humana. 

Estas características —respeto entre adversarios, códigos de honor y construcción de vínculos de amistad— resultan inexistentes en los conflictos contemporáneos como los de Afganistán, Rusia-Ucrania, en África y Gaza, en estos dos últimos casos donde se combate contra grupos terroristas. 

Malvinas/Falkland representa un ejemplo histórico en la aplicación y respeto de los principios de la “Guerra Justa” o Just War Principles, especialmente jus in bello o derecho en la Guerra, que exige distinguir entre combatientes y no combatientes, evitar el sufrimiento innecesario, tratar humanamente al enemigo y mantener proporcionalidad en el uso de la fuerza. 

Agradecemos profundamente la predisposición de los veteranos británicos y argentinos de compartir sus experiencias personales durante el conflicto. Su voz permite construir un relato más humano, alejado de la retórica de la enemistad, que busca aportar a la memoria histórica desde el respeto, la empatía y la reconciliación. 

Sus relatos enriquecen la memoria histórica y aportan una mirada humana que trasciende las fronteras. 

“ (...) en mi juventud, yo tenía el descaro de creerme capaz de pronunciarme sobre >>el sentido de la historia<< Ahora sé que el sentido de la historia es algo que debemos descubrir, no proclamar. Es una pregunta que debemos intentar responder lo mejor que podamos reconociendo que permanecerá abierta al debate ”


Índice – “La última guerra entre caballeros” (Parte III)

1. Contexto internacional y legado actual

1.1. Actual escenario internacional de conflictos.

2. Vínculos inesperados: gestos de humanidad en tiempos de guerra

2.1. Félix Artuso: el submarinista argentino sepultado con honores por soldados británicos en las Islas Georgias del Sur.

2.2. El Escuadrón Fénix: los pilotos argentinos homenajeados por sus adversarios tras la guerra.

2.3. Una amistad improbable: el vínculo entre el piloto argentino Alberto “Mingo” Philippi y el británico Tony Black.

3. La memoria reconstruida: testimonios y relatos compartidos

3.1. Documental: “La Guerra de las Malvinas, la historia no contada”.

3.2. Encuentro entre veteranos: DavidWheen y Lautaro Corbalán.

3.3. Homenaje conjunto en Ushuaia: veteranos argentinos y británicos rinden tributo a los caídos de ambos bandos.

4. Gestos de reconciliación

4.1. El cirujano Ricky Jolly: médicos británicos que salvaron vidas argentinas.

4.2. Un acto de humanidad y memoria: el coronel argentino Duelos Carlos

Arreseigor entrega el casco del soldado británico Alexander Shaw a su hermana.

  1. Voces de los protagonistas: entrevistas exclusivas

5.1. Alejandro: veterano argentino.

5.2. Rob: posiblemente el combatiente británico más joven del conflicto.

5.3. Joe: Royal Marine, miembro del Comando 42 británico.

5.4. Dacio: veterano argentino.

6. Conclusiones: la última guerra entre caballeros

6.1. Reflexión final sobre el honor, la empatía y la memoria compartida entre antiguos enemigos.


1. Contexto internacional actual 

En el actual sistema internacional, los conflictos armados muestran un deterioro sostenido del respeto al adversario y a los códigos de honor de la guerra. Ejemplos recientes —como Rusia–Ucrania, Afganistán, Irak, Siria, Gaza y las matanzas en África— evidencian reiteradas violaciones al Derecho Internacional Humanitario y a la Convención de Ginebra. Entre las prácticas denunciadas se incluyen: el uso indebido de uniformes y emblemas enemigos, fingir rendición para atacar (perfidia), utilización de escudos humanos o zonas protegidas como bases, y empleo de banderas enemigas para aproximarse a posiciones antes de abrir fuego. Todas estas conductas violan las disposiciones centrales del Reglamento de La Haya de 1907, rompiendo el principio de distinción y buena fe que protege tanto a combatientes legítimos como a civiles. 

En contraste, la Guerra de Malvinas/Falklands de 1982 ofrece múltiples testimonios de un comportamiento distinto, en el que aún se observaban gestos de respeto mutuo entre adversarios. Entre estos actos se destacan: el entierro con honores de pilotos argentinos por parte de soldados británicos; el trato digno a prisioneros de guerra; y la preservación de restos y pertenencias personales para su posterior restitución. 

A continuación el lector podrá conocer algunas de estas historias contadas por sus propios protagonistas, que representan un testimonio conmovedor y constituye un hecho inusual en la historiografía de los conflictos armados contemporáneos. Este tipo de encuentros, caracterizados por el respeto mutuo, la empatía y la capacidad de reflexionar conjuntamente sobre el pasado— son poco frecuentes entre excombatientes de guerras recientes, especialmente cuando se trata de conflictos aún irresueltos a nivel político y diplomático, como lo es la Guerra de Malvinas/Falklands. 

Este contraste permite reflexionar sobre la singularidad de Malvinas/Falklands como la “Última Guerra entre Caballeros” en la era contemporánea: un enfrentamiento convencional entre fuerzas regulares, con limitaciones de medios y objetivos definidos, en el que aún había espacio para reconocer la humanidad del enemigo. Frente a la tendencia actual, donde la asimetría, la guerra híbrida y el desprecio por las normas humanitarias constituyen la regla general, el caso de 1982 aparece como una excepción que merece ser preservada en la memoria histórica. 

2. Vínculos inesperados: gestos de humanidad en tiempos de guerra 

2.1 Félix Artuso: el submarinista argentino sepultado con honores por soldados británicos en las Islas Georgias del Sur. 

En medio de una guerra marcada por el enfrentamiento, la muerte y el silencio posterior, la historia de Félix Oscar Artuso sobresale por un acto inusual: fue enterrado con respeto militar por las fuerzas británicas en las Islas Georgias del Sur, donde hasta el día de hoy descansa su cuerpo. Es el único combatiente argentino sepultado allí, lejos de su país, y sin que su familia haya podido visitar su tumba.


Félix Artuso tenía 36 años, era maquinista naval especializado en submarinos, y formaba parte de la tripulación del ARA Santa Fe, desplegado en las Islas Georgias del Sur en abril de 1982, en el contexto de la Guerra de Malvinas/Falklands. 

Tras ser atacado por helicópteros británicos y quedar seriamente dañado, el submarino fue capturado junto a su tripulación, que pasó a estar bajo custodia del Reino Unido. Félix, aún como prisionero de guerra, recibió la orden de realizar una maniobra técnica: mover el Santa Fe dentro del puerto bajo vigilancia británica. 

Félix estaba operando bajo órdenes del capitán Horacio Bicain, siendo permanentemente vigilado por oficiales británicos. En un momento crítico, un oficial inglés —aparentemente creyendo que Artuso intentaba hundir deliberadamente el submarino—le disparó y murió en el acto. Otras versiones sostienen que Félix intentó evitar la entrega de la nave a los británicos. 

La historia de Félix Artuso no se ubica geográficamente en las Islas Malvinas, sino a más de 

1.300 kilómetros. 


Un entierro que habla de humanidad: 

A pesar de las circunstancias, las fuerzas británicas decidieron no dejar su cuerpo atrás ni enterrarlo sin honra. Félix Artuso fue sepultado el 26 de abril de 1982 en el cementerio de Grytviken, en Georgias del Sur. La ceremonia fue realizada por las propias autoridades británicas, quienes respetaron su condición de militar caído y cuidaron su tumba desde entonces. 


“Los ingleses lo enterraron según las normas del artículo 121. Cumplieron. Por eso su tumba está bien conservada, y el museo local se encarga de mantenerla”, explica Karina Artuso, una de sus tres hijas. 


El gesto —inusual en tiempos de conflicto— se transformó en una de las pocas historias donde la guerra no terminó en venganza, sino en reconocimiento al enemigo como ser humano. 

A más de 40 años del conflicto, la tumba de Félix Artuso jamás fue visitada por su familia. Ni su esposa Alicia, quien murió sin poder cumplir ese deseo, ni sus hijas —Karina, Cristina y Carolina—han podido pisar Grytviken. 

Su hija aclara: paradójicamente, fue Reino Unido el que ofreció mayor colaboración. 

“Aunque parezca mentira, los ingleses fueron los que más me ayudaron. Me liberaron el expediente de mi papá, algo que la Armada Argentina me negaba. Han pasado 40 años de palabras y promesas, pero nada de acción.”


Este caso permite destacar un aspecto humanitario del conflicto: el respeto al enemigo caído, aún en tiempos de guerra, lo cual no sucede en otros conflictos como la guerra de Vietnam, Irak en 2003, o Rusia y Ucrania actualmente. 

2.2. El Escuadrón Fénix: los pilotos argentinos homenajeados por sus adversarios tras la guerra. 

El escuadrón Fénix fue una unidad aérea argentina muy particular en la Guerra de Malvinas, compuesta por pilotos civiles comerciales y militares, que operaban bajo la dirección de la Fuerza Aérea Argentina desde su creación, el día 7 de mayo de 1982. 

Sus principales tareas consistían en 

1. Engaño y distracción electrónica, volaban a distintas altitudes y rumbos para simular oleadas de ataque, “fijar” radares británicos y chilenos y obligarlos a dispersar su defensa antiaérea. 

2. Reconocimiento fotográfico y visual: usaban alta velocidad y vuelos a media o gran altura para fotografiar posiciones enemigas o registrar movimientos navales. 

3. Coordinación de ataques: en ocasiones actuaban como Forward Air Controllers (FAC) 

para guiar a cazabombarderos argentinos hacia blancos navales o terrestres. 

4. Transporte y enlace rápido: trasladaban personal, repuestos y documentación entre bases del continente y aeródromos de apoyo. 

Se destacaron en las operaciones de distracción previas al ataque al HMS Sheffield (4 de mayo de 1982) para saturar defensas y confundir la detección británica; actuaron como apoyo al ataque contra el Atlantic Conveyor (25 de mayo de 1982) con vuelos de señuelo que ayudaron a enmascarar el ingreso de los Super Étendard; y realizaron reconocimiento y control en las últimas batallas terrestres de junio. 


Tenían un rol estratégico porque permitieron multiplicar la sensación de presencia aérea argentina y a mantener presión psicológica sobre la flota británica y al utilizar aviones civiles en roles militares, se liberaban cazas y 

bombarderos para misiones de ataque real, economizaban los recursos en combate. 

El día 7 de junio de 1982, el Learjet 

35A T-24 de la sección “Nardo” fue derribado sobre la isla Borbón por un misil Sea Dart del destructor HMS Exeter, donde murieron sus 5 tripulantes.


Tras el conflicto, las autoridades británicas recuperaron restos y enterraron a muchos combatientes argentinos en el Cementerio de Darwin (Isla Soledad). Documentos oficiales y reportes periodísticos señalan que algunos de los restos de la tripulación del T-24 fueron trasladados a Darwin. Geoffrey Cardozo (oficial británico) tuvo un papel central en el trato y enterramiento digno de los caídos argentinos. 


Por la violencia del impacto sobre la blanda turba, la máquina se enterró y recién en 1994 un pastor halló, de casualidad, un tramo de ala que sobresalía a la superficie. Al excavar encontraron más restos que fueron inhumados en el lugar, en una ceremonia realizada en 1995 (foto) con la presencia de once familiares de los caídos. Soldados británicos montaron tumbas en la propia isla y sepultaron a los cuerpos hallados. 


2.3 Una amistad improbable: el vínculo entre el piloto argentino Alberto “Mingo” Philippi y el británico Tony Black

El piloto Philippi fue protagonista de uno de los enfrentamientos aéreos más recordados del conflicto del Atlántico Sur. Su experiencia, además de relatar un episodio táctico-militar clave, permite visibilizar cómo, en medio del enfrentamiento, emergieron gestos de humanidad que dejan de lado la visión del otro como “enemigo”. 

Este artículo presenta el testimonio del piloto argentino Philippi, quien participó en el ataque aéreo contra la fragata británica HMS Ardent durante la Guerra de Malvinas/Falklands. 

El 21 de mayo de 1982 se llevó a cabo una operación aérea en la que despegaron seis aviones argentinos desde Río Grande. 

El piloto argentino Alberto “Mingo” Philippi recuerda: 

“La orden que teníamos era atacar una unidad de superficie que estaba operando en el sudoeste del estrecho de San Carlos como piquete de radar, por lo que era un buque con radares que permiten detectar la presencia de aviones enemigos. Había que neutralizar a ese buque. Hicimos el prevuelo. Tomamos la información de la división que salió en el vuelo anterior; nos dijeron que la meteorología era mala en la zona, y en esas condiciones salimos seis aviones con cuatro bombas MK82, de cola retardada, diseñadas especialmente para batir blancos de superficie: buques. 

En esas condiciones partimos. Llegamos a la boca sudoeste del estrecho de San Carlos, pero el buque que nos habían indicado no estaba. Entonces nos dirigimos al blanco alternativo.


Siempre uno sale con un blanco principal y un blanco secundario. El plan B era ir a San Carlos y atacar buques comprometidos con el desembarco de tropas. 

A mitad de camino encontramos la fragata HMS Ardent y procedimos a atacarla. La atacamos los seis aviones. No vimos una patrulla aérea de combate que estaba protegiendo al buque. No la vimos cuando nos acercamos, y ellos sí nos vieron cuando soltamos las bombas encima del buque. Así que, cuando estábamos escapando, ellos se lanzaron detrás nuestro: derribaron tres aviones y los otros tres logramos regresar a Río Grande.” 

Tras el ataque a la HMS Ardent, el piloto Philippi debió eyectarse del avión, cayendo inconsciente en el mar, a unos 500 metros de la costa. Las condiciones eran extremas. 

Después de caminar durante tres días y sobrevivir con las provisiones de su equipo de supervivencia, en la mañana del 24 de mayo observó el movimiento de unos vehículos. Suponiendo que eran tropas argentinas, hizo señales con el espejo de supervivencia. Se trataba, sin embargo, de tres civiles británicos que se acercaron de forma amigable y sin mostrar agresividad. 

En inglés, el piloto les explicó que había caído el día 21 y que estaba intentando volver con sus compañeros: 

-“Si nos ponemos de acuerdo, bien; si no, ustedes sigan por su lado y yo por el mío.” Uno de ellos le respondió: 

- “No se preocupe, lo vamos a ayudar.” 

Ese día tuvo suerte: los hombres estaban realizando una rotación de ganado en el sector, una actividad que se llevaba a cabo apenas una vez cada seis semanas. De no haberlos encontrado, habría tenido que caminar unos 40 kilómetros más para hallar una vivienda. 

Le ofrecieron su merienda —tartas, tortas y chocolates— y lo llevaron a la Estancia North Arm, donde fue recibido por el administrador, Tony Black. Allí le dieron ropa limpia y seca, y una habitación para descansar. Philippi recuerda: 


No hicieron ninguna diferencia si yo hubiera sido un piloto inglés. Con Tony compartíamos los mismos hobbies: ambos éramos radioaficionados, nos gustaban las armas, la caza mayor, la pesca con mosca. Esa noche hablamos hasta las dos de la mañana sobre nuestros pasatiempos. De la guerra no hablamos, porque ni yo lo iba a convencer ni él a mí. Eso ni lo tocamos.” 


A la mañana siguiente, a las 10:00 hs, Tony avisó por radio a Puerto Argentino que había un piloto argentino en la estancia North Arm y que fueran a buscarlo. Al mediodía, un helicóptero del Ejército Argentino fue a buscar a Philippi.


¿Cómo fue la despedida? 

“Muy emotiva. Son muy buena gente. Cuando nos despedimos, fue con lágrimas en los ojos. Tony me dio un camioncito y me dijo: ‘This is for your little child’, para el más chico de mis hijos. Y su esposa me dio un sobre: ‘This is for your wife’. Lo guardé en el equipo de supervivencia y me fui.” 


El contenido del sobre era la receta de los scones que él había elogiado durante la merienda del día anterior. 

“La receta venía acompañada por una nota que decía: ‘Su esposo estuvo con nosotros. Le gustaron estos scones, así que le envío la receta’. Era ese tipo de gente… Excepcional.” 

Años más tarde, “Mingo” y Tony mantuvieron el contacto como radioaficionados. 

Después, cuando llegó Internet, los mails y el celular, 

fue más fácil. Me vino a visitar dos veces a mi casa, en 2003 y en 2015. Tenía actividades protocolares en Buenos Aires, se hizo un tiempo, tomó un avión y vino a verme. Buena gente. Acá visitamos Puerto Belgrano y el monumento a los marinos caídos en el conflicto. Lo llamé para Navidad. Cuando escuchó mi voz, me reconoció. Lloraba.” 


3. La memoria reconstruida: testimonios y relatos compartidos 

3.1 Documental: “La Guerra de las Malvinas, la historia no contada”

El día 22 de mayo de 1982, durante los intensos combates navales en el estrecho de San Carlos, la fragata británica HMS Ardent fue alcanzada por una serie de ataques aéreos argentinos y, finalmente, hundida. Veintidós tripulantes británicos perdieron la vida en el suceso. Ese día marcó una tragedia, pero también el surgimiento de relatos personales que, con el paso del tiempo, revelaron una dimensión ética del conflicto. 

Las siguientes declaraciones —extraídas de veteranos británicos y del piloto argentino que participó en el ataque— permiten reconstruir junto con los procedimiento técnicos y tácticos realizados, las emociones, el respeto mutuo y humanidad que persistió incluso entre quienes tuvieron que enfrentarse en combate. 

Capitán Alan West – HMS Ardent (Royal Navy): "Siendo piloto de caza, o eres bueno o estás muerto —da igual de qué país seas—. Hay que tener reacciones inmediatas, hay que ser muy bueno. Y los argentinos ya se sabe lo que son: son pilotos de carreras, jugadores de polo… ¿Qué más se puede pedir para un piloto de caza?" 

Lennie Yateman – Master at Arms, HMS Ardent: "Sabían lo que hacían. Sabían cómo atacar un barco. Se formaron en fila india y vinieron por popa. En ese momento el capitán ordenó '¡a vez que el capitán movía el barco, hubiera un avión listo para atacar." 

Capitán Alberto Philippi: "El buque reaccionaba bien; había incrementado su velocidad al máximo. La estela me indicaba que estaba dando todo lo que podía. Su proa buscaba aguas abiertas en medio del canal. Cuando mi avión estuvo encima, y al apretar el botón de lanzamiento, la nave hizo una brusca caída hacia babor. En esas condiciones lancé mi bomba y realicé el escape. Me dio la impresión de que el comandante que estaba abajo conocía bien su oficio. 

Al iniciar el escape, escuché por radio la voz de mi numeral diciendo: 'Muy bien, señor'. Eso indicaba que, al menos, una de nuestras bombas había hecho blanco." 

CPO Ken Enticknap – HMS Ardent: “De pronto, escuché a alguien moviéndose entre los escombros. Un compañero vino hacia mí y me preguntó: '¿Estás bien, compañero?'. Le dije que sí, y que me quitara lo que tenía en la espalda. Estaba tan oscuro que no podía verlo. 

Lo que no dejé de pensar esos días fue que mi mujer estaba embarazada de cinco meses, esperando nuestro primer hijo. Yo solo quería volver a casa. De pronto, como por arte de magia, el barco debió virar y nos llegó algo de aire fresco. Respiré hondo y me dirigí como pude hacia popa." 

Capitán Alan West: "Ordené que todos bajaran, y me quedé solo en el puente. La mayoría ya había abandonado el barco. El HMS Yarmouth ya había acoplado su popa a nuestra proa: nos estábamos hundiendo. Finalmente crucé al otro buque. Fue un momento muy triste. Al alejarnos del Ardent, a muchos de mis hombres se les llenaron los ojos de lágrimas. A mí también." 

Capitán Alberto Philippi: "Cuando lancé mis bombas, no deseaba la muerte de todos los tripulantes del Ardent. Solo quería neutralizar ese buque y que dejara de operar. Y, si era posible, que todos se salvasen. Ese fue mi pensamiento durante la guerra, y estoy seguro de que también fue el de mis compañeros." 

¿Qué le diría al capitán West? "Lamento haberle causado daño al buque. Siento muchísimo las vidas que se perdieron. Lo siento profundamente. Pero yo estaba cumpliendo con mi deber, igual que él cumplía con el suyo." 

3.2 Encuentro entre veteranos: DavidWheen y Lautaro Corbalán. 

En este fragmento de la entrevista realizada al veterano británico David Wheen y el veterano argentino Lautaro Corbalan, quienes participaron en la Guerra de Malvinas/Falklands desde bandos opuestos, se puede identificar el reconocimiento entre ambos. 

David Wheen: "Es extraordinario. Puede que hayamos intentado matarnos el uno al otro, no por motivos personales, sino porque eso era lo que nuestros trabajos exigían de nosotros. Pero en el instante en que ambos sobrevivimos a la guerra, ya no éramos enemigos. Yo no te odiaba. No te conocía. ¿Por qué habría de hacerlo?"


"En cuanto terminó el combate, nos convertimos en camaradas de armas. Lo que nos enfrentó fue un problema político. Y como tal, su solución debe ser política, no militar." 

Lautaro Corbalán: "Eso es precisamente lo que hoy nos permite conocernos, mirarnos a los ojos. Había una necesidad de saber qué fue lo que realmente pasó, de completar el relato. Estoy convencido de que tengo muchas más cosas en común con él que con muchas personas de mi propio entorno." 

David Wheen: "Dos días después del cese de hostilidades, dos oficiales argentinos se acercaron y me invitaron a compartir una comida. Fue una experiencia increíble. Siete días antes nos disparábamos… y ahora estábamos sentados comiendo juntos. La comida era horrible, pero estaba cocinada. Estuvimos de acuerdo en casi todo, salvo en el estatus de las islas. Pero coincidimos incluso en eso: en estar de acuerdo en estar en desacuerdo.

Lautaro Corbalán: "Como veterano, creo que el respeto es profundo. No solo por nuestros propios caídos, sino también por los de ellos. Al final del día, eran soldados que perdieron la vida de manera caballeresca. Eso no puede pasarse por alto. Lo importante acá es entender que es posible un acercamiento, sin odio. Incluso terminada la batalla, hubo preocupación por la salud del otro. No solo por el compañero propio, sino también por el que hasta minutos antes era el enemigo." 

La entrevista demuestra cómo, desde el respeto y la empatía, incluso entre aquellos que tuvieron que enfrentarse en combate, pueden reconocerse como iguales. No hay negación del conflicto ni olvido del dolor, pero sí una conciencia madura de que la guerra no define al otro como enemigo permanente, sino como alguien que, en otro tiempo y en otras circunstancias, también actuó con sentido del deber. 

Lejos de reproducir narrativas de enemistad, los protagonistas se reconocen como iguales, marcados por la misma tragedia, con trayectorias paralelas y valores compartidos. 

3.3 Homenaje conjunto en Ushuaia: veteranos argentinos y británicos rinden tributo a los caídos de ambos bandos. 

En febrero de 2009 se realizó una ceremonia conmemorativa en el puerto de Ushuaia, en la Patagonia argentina —en donde participaron ex combatientes argentinos y miembros de la Marina británica, marcando el primer ingreso de una nave británica (el rompehielos HMS Endurance) al puerto desde el conflicto de 1982. 

El Capitán Nick Lambert, del HMS Endurance, expresa en inglés: “Siento que estoy aquí para rendir homenaje a todos los que murieron en el Atlántico Sur. Siempre es muy conmovedor venir a un lugar como este y rendir homenaje. Es un recuerdo muy importante para ambos países y el hecho de que podamos venir a conversar y trabajar juntos…”


El comandante argentino Guillermo José Estévez expresa: “Sí, esta es la primera vez que un barco británico entra al puerto desde el conflicto de Malvinas… esto es muy importante en términos de emoción y sentimiento para todas las fuerzas armadas.” 

En el video se puede ver un momento simbólico de reconciliación, donde veteranos y militares de ambos países honran a los caídos, muestran respeto mutuo y promueven el diálogo. 

4. Gestos de reconciliación 

4.1 El cirujano Ricky Jolly: médicos británicos que salvaron vidas argentinas. 

El Capitán Richard Tadeusz Jolly, conocido como “Rick Jolly”, fue el cirujano senior de la 3er Commando Brigade de la Royal Marines durante la guerra de 1982. Asumió el mando del escuadrón médico que operó en el hospital de campaña improvisado en Ajax Bay (una planta de refrigeración de carne desactivada), rebautizado como la “Red and Green Life Machine” en referencia a los colores de las boinas (marines y paracaidistas) atendidos allí. 


Durante tres semanas Jolly y su equipo trataron aproximadamente 580 víctimas de combate, entre británicos y argentinos, realizando alrededor de 210 operaciones críticas. De los heridos atendidos, solo tres murieron posteriormente, y ninguno mientras 

recibía atención médica, lo que representa un logro extraordinario bajo condiciones adversas. 

Cerca del 30 % de los pacientes eran argentinos capturados en batalla. Jolly y su equipo no hicieron distinción entre británicos y argentinos: ambos recibieron el mismo trato médico, conforme a las normas del Derecho Internacional Humanitario, principium humanitatis (principio de humanidad) y al espíritu de la Convención de Ginebra, artículo 12, del Primer Convenio. 

Citas que demuestran su compromiso: 

“El doctor Jolly se ocupó de todos los pacientes sin distinción de 

bandera: entre los que salvaron estaba un número considerable de prisioneros argentinos.” 

International Committee of the Red Cross (ICRC), “IHL in Action: Falkland/Malvinas Islands” 


“Rick Jolly fue el único oficial británico condecorado por Argentina después del conflicto por haber salvado vidas de combatientes argentinos heridos.” 

BBC News, 2018 

“Oficiales argentinos reconocieron que varios de sus soldados fueron intervenidos quirúrgicamente en el hospital de campaña británico de Ajax Bay por el equipo de Jolly.” 

The Telegraph, 2018


En reconocimiento a su labor profesional y humanitaria, Jolly fue nombrado Oficial de la Orden del Imperio Británico (OBE) en 1983. Posteriormente, en 1999, fue honrado por Argentina con la Orden de Mayo, convirtiéndose en la única persona condecorada oficialmente por ambos países en relación con el conflicto. 

4.2 Un acto de humanidad y memoria: el coronel argentino Duelos Carlos Arreseigor entrega el casco del soldado británico Alexander Shaw a su hermana. 

Diego Arreseigor era teniente en Malvinas cuando quedo prisionero en junio de 1982 y tuvo que recoger las minas en Monte Longdon. Allí encontró, entre las rocas y la turba, un casco británico manchado de sangre. En su interior, escrito a mano, podía leerse un nombre: A. Shaw. "Con mis 23 años lo tomé y lo escondí en mi campera. Estaba tan flaco que nadie lo notó". 


Durante 37 años lo guardó como trofeo de guerra, hasta que supo que su dueño había muerto en la batalla de Monte Longdon. "Durante 37 años lo guardé como un botín de guerra. Cada tanto lo sacaba y lo mostraba, para que otros vean que dentro del dolor de la derrota no había sido tan fácil para los ingleses: 'Acá está la muestra, hicimos algo, nos derrotaron pero les costó'", recuerda el coronel Arreseigor. 

Alexander Shaw, era paracaidista del Regimiento de 

Ingenieros británico, tenía 25 años cuando murió y un hijo de tres años. Falleció el día 13 de junio de 1982, un día antes de que finalizara el conflicto. 

Su familia en Inglaterra guardaba recuerdos, fotografías y cartas, pero nada del equipo con el que había combatido. 


Tras una paciente búsqueda, Diego logró localizar a Susan Fleming, la hermana de Alexander. A través de una videollamada le mostró el casco y le dijo: 

—"Este es el casco de tu hermano, voy a viajar a Inglaterra para entregártelo. Siento un deber moral de devolverlo a tu familia. Y para mí será un honor". 

Del otro lado de la pantalla, Susan apenas pudo contener las lágrimas: 

Tenerlo conmigo me hará sentir que una parte de él volvió a casa.














5. Voces de los protagonistas: fragmentos de entrevistas exclusivas realizadas a veteranos de ambos países: 

● Entrevista a Alejandro – Veterano argentino de Malvinas 

Entrevistador: Por lo que cuenta, no observa usted maltrato por parte de los ingleses. Habrá habido tensión, pero no maltrato… 


Jesús… y el odio a los piratas. España traía valores. Inglaterra, ladrones. 

Cuando llegué a Malvinas y me encuentro con otra cosa, algo completamente diferente a 

Argentina, me choca. Pero luché contra los ingleses por mi colegio. Durante los ataques navales, uno sufre 

horas enteras. A diferencia del ataque aéreo —que si te mata, ni te enterás— en el naval estás cuatro horas escuchando bombas. No sabés cuándo te van a dar. La noche era tremenda. Hacía frío, amanecía a las 10, atardecía a las 16. 

Cantaba “Here Comes the Sun” de los Beatles. Pensaba: ¿Qué hago luchando contra los ingleses y cantando a los Beatles? 

Cuando me tomaron prisionero, me di cuenta: eran como nosotros. Una cosa es que me tome prisionero Paul McCartney; otra, Bin Laden. Paul te trata bien. 


Entrevistador: Muchos libros argentinos hablan de malos tratos. Pero hay veteranos que dicen que eso no fue así. ¿Cómo se cambia esa narrativa?


Alejandro: Con estos reportajes. Siempre hay varias versiones de un hecho. Cuando terminó la guerra, los militares querían tapar todo. Volvimos sin festejos, como quien pierde un campeonato. 

Alfonsín mezcló todo: dictadura y veteranos. Empezaron a decir que “mandaron a los chicos a la guerra”, y aparecieron narrativas muy dañinas. Que los oficiales torturaron a los soldados. Y metieron veneno. 

Entrevistador: ¿Ha tenido reuniones con veteranos británicos? 

Alejandro: Sí, volví dos veces a Malvinas y también organicé reuniones con veteranos británicos en Londres. Con Jeffrey Cardozo (el que organizó el cementerio de Darwin) y otros 

12 veteranos. Hoy tengo amigos isleños también. 

Entrevistador: ¿Y cómo son los isleños? 

Alejandro: Son muy especiales. A mí me encanta la historia, pero una experiencia me marcó y me hizo entender lo compleja que es. Estando en Puerto Stanley, como estibador del Bahía Buen Suceso, me mandaron a un depósito dirigido por un isleño. Pensé: “Este tipo está informando todo a los ingleses”. Luego supe que era policía. 

Un día le pregunté qué pensaba.Me respondió: 

“Quiero que ustedes se vayan…y que los ingleses no vengan”. 

Le dije: “¿Cómo que no vengan? ¿Acaso no sos inglés?”. 

Y me respondió: “No, soy isleño. Cuando ustedes se vayan, tendremos que pelearnos con los ingleses para que esto sea nuestro, no de ellos”. 

Ahí entendí que tienen identidad propia. Se autodenominan Falklanders. "Kelper" es un insulto para ellos. 

● Entrevista con Rob, posiblemente el soldado britanico de menor edad que participó en la Guerra de ‘The Falklands/Malvinas”: 

¿Cómo fue tu viaje a las islas? 

Durante el viaje, que duró más de lo que habíamos imaginado, por nuestra mente pasarontodo tipo de pensamientos. Creo que hablo por todos cuando digo eso. Pensábamos en lo bueno y en lo malo. No queríamos ser asesinados o mutilados, y realmente no queríamos matar a nadie. Yo esperaba que los argentinos se hubieran ido antes de que llegáramos. 

Sin embargo, una vez que el Sheffield fue hundido, ya no tuve dudas. Estaba en marcha. No íbamos a detenernos hasta que el mundo nos viera como victoriosos. 

¿En qué combates participaste? 

Prefiero no hablar de batallas o encuentros específicos. Es demasiado personal para nosotros; 

hay demasiada tristeza en ambos lados. Todos saben lo que pasó. 

He descubierto que la sanación es más fácil si no nos enfocamos en los detalles específicos. Hicimos lo que se nos ordenó, donde se nos ordenó hacerlo, y nos detuvimos cuando cumplimos la misión. Lo hicimos lo mejor que pudimos, al igual que los valientes muchachos que enfrentamos. 

¿Tuviste alguna experiencia con prisioneros argentinos? 

Sí, la tuve. Al final de la guerra, formé parte de un grupo que custodiaba a unos 35 soldados argentinos. Fue un momento extraño: la guerra había terminado para ellos y se iban a casa. Estaban preocupados por la recepción que tendrían al regresar. Después de todo, debían estar sintiendo el dolor de la pérdida, no solo de la guerra, sino también de amigos y familiares. 


¿Cuál es tu recuerdo más vívido de la guerra? 

En realidad, probablemente fue un incidente mientras custodiaba a los soldados argentinos. En un momento, intentaron escapar. Habían cerrado con llave una puerta, lo cual no estaba permitido dentro de su alojamiento, y tuve que recuperar el control de la situación. 

Cuando finalmente entré en la habitación, avanzaron hacia mí, uno de ellos deteniéndose literalmente en la punta de mi bayoneta. La había fijado porque pensé que era la mejor opción en ese escenario, y creo que probablemente fue la decisión correcta en ese momento. 

Luego hubo una especie de enfrentamiento, algunos gritos... Obviamente, ellos se preguntaban si podían tomar el control, y yo me preguntaba si debía dispararles. No lo hice, y me alegra haber tomado esa decisión. Me alegra que se detuvieran cuando lo hicieron y que no me obligaran a abrir fuego. 

Hubiera sido terrible tener que matarlos cuando la guerra ya había terminado y ellos estaban por regresar a casa de todos modos. A menudo me he preguntado cuál era su plan: si me hubieran matado y escapado, ¿a dónde habrían ido? ¿Qué habrían hecho? ¿Tenían siquiera un plan? 

De todos modos, retrocedieron, cayeron de rodillas y muchos simplemente se echaron a llorar. Estoy realmente contento de no haber disparado. 

● Entrevista a Joe Exon, Royal Marine británico, miembro del Comando 42: 

Cuando nuestra armada abandonó el Reino Unido, fue un viaje de dos semanas. Al principio, pensamos que el conflicto se detendría mediante negociaciones diplomáticas; sin embargo, se hizo evidente que eventualmente tendríamos que luchar. Creía en nuestro entrenamiento y mis únicas preocupaciones eran hacer bien mi trabajo y mantenerme en forma y saludable. 

Al llegar, se hizo evidente que los pilotos argentinos eran una amenaza y que estar en un barco nos hacía sentir vulnerables. 

El soldado argentino con el que nos topamos solo quería volver a casa y claramente carecía de voluntad de luchar. Pero eso es normal en las tropas reclutadas. 

Volver a casa fue genial. Cuatro meses de servicio en el frente son un trabajo duro y necesitaban descansar. Mi familia, obviamente, estaba preocupada. 

Mi recuerdo más vívido fue ver al Sheffield en llamas después de recibir un impacto. 

Con respecto al respeto entre fuerzas, eso ha existido en muchos conflictos entre fuerzas profesionales. La falta de respeto viene de fuerzas no profesionales. 

Las fuerzas profesionales no están motivadas por opiniones personales o religión y hay poco odio hacia su enemigo, es simplemente una cuestión de hacer bien el trabajo para sobrevivir y ganar. A menudo hay un reconocimiento de que ninguna de las partes cree realmente en la razón del combate y eso resulta en un sentimiento de empatía por el otro lado. 

Hay mucha expectación en torno a los Gurkas. Sí, son una unidad temible, pero también respetan a su enemigo y nuestras reglas de combate. Las matanzas innecesarias no son bien vistas y los prisioneros son tratados con respeto. 

El conflicto entre Rusia y Ucrania no se respeta, ya que la mayoría de las tropas rusas son reclutas, mal entrenados, que no quieren estar allí. 

● Entrevista a Dacio Agretti, Regimiento de infantería 4: fue con 18 años a la guerra. Entrevistador: ¿Cómo fue su regreso a Argentina? 

Dacio: El 14 de junio terminó la guerra. Hasta el 16 de junio permanecimos en Puerto Argentino. Ese día subimos al famoso transatlántico Canberra. A mí me tocó embarcar a las 23 horas. El barco estaba en mar abierto, y subíamos en botes y chalupas. 

Al abordar, nos realizaban una inspección de armamento, ropa y me permitieron conservar todo lo personal. Después pasábamos al salón comedor, donde nos recibían un oficial inglés, otro argentino y personal de la Cruz Roja. Ellos nos pedían nuestros datos, y en ese momento pasábamos a ser prisioneros de guerra reconocidos oficialmente por la Cruz Roja. 

Luego nos asignaban el lugar que ocuparíamos en el barco. Nos preguntaban si éramos suboficiales o soldados. Al responder que éramos soldados, los ingleses —conociendo cómo había sido la relación en los cuadros de mando argentinos y los soldados— nos enviaron a los camarotes principales, los mejores del barco. En cambio, a los suboficiales los destinaron a los pisos inferiores y a la bodega, donde se encargaban de la limpieza del barco. 

Nosotros, los soldados, fuimos alojados en los mejores camarotes. 

Entrevistador: Es un detalle. 

Dacio: Sí. El Canberra, en su piso superior, tenía grandes ventanales ovalados. En mi camarote había tres de ellos. Una pared era completamente de espejo, con un frigobar. El baño estaba separado: por un lado el váter, por otro la bañera y el lavamanos. Teníamos dos canales de música funcional: uno con la BBC de Londres y otro con programación propia del barco, donde se anunciaban los horarios de las comidas. 

Durante la revisión de ropa en el Canberra todavía estábamos sin bañarnos ni cambiarnos. Al llegar a los camarotes, entraron el comandante, el médico y un traductor. Nos entregaron un papel—que aún conservo—con instrucciones sobre cómo comportarnos. El comandante dijo: 

“Báñense. El barco produce agua potable, no tienen límite de uso. Si tienen algún problema médico, tenemos un hospital a bordo. Avísennos.” 

Esa fue la recepción en el barco.


Antes de abandonar las islas habíamos encontrado a tan solo 18 kilómetros de donde estábamos, un depósito lleno de comida, ropa y provisiones que nosotros nunca habíamos recibido. En el barco bajábamos a comer dos veces por día. Nos servían en la cocina con bandejas. La comida era abundante: café con leche, sopa caliente, huevos fritos, dos panes calientes y salchichas. 

El regreso a Buenos Aires: En el regreso, desde la Base Aérea de Palomar hacia General Güemes, nos trasladaron encerrados, en completa oscuridad. Los caminos estaban cubiertos con toldos cerrados; no se veía absolutamente nada. 

Muchos intuimos lo que había pasado. Yo pensaba: “Después de todo lo que dimos, siendo apenas chicos de 18 años, creí que nos estarían esperando colectivos para llevarnos a casa. 

¿Qué más se podía pedir a un chico de tan solo 18 años que había estado en combate? Pero no: nos encerraron e incomunicaron.” 

Encerrados e incomunicados, imagina que nuestras familias, diez días después de haber finalizado la guerra, todavía no sabían si estábamos vivos o no. Para nosotros fue una vergüenza ser prisioneros de guerra en nuestro propio país. Eso te hace replantearte muchas cosas. 

Entrevistador: Por lo que cuenta, ¿fue tratado mejor por los ingleses que por los propios argentinos? 

Dacio: Sin ninguna duda. Que no te quepa duda, lamentablemente así fue. 

Se perdió la oportunidad de tener un poco de respeto por lo que hemos vivido. 

Yo llegué a Monte Caseros el 23 de junio. La primera licencia fue en julio. Muchos compañeros no pudieron ver a sus familias hasta ese día. 

6. Conclusiones

El conflicto del Atlántico sur no fue solamente una lucha por islas estratégicas. Fue también un escenario donde entre el frío, el barro, la distancia, las bombas y los estruendos, sobrevivió algo tan frágil y valioso como es el respeto por el otro, en un contexto bélico. 

En estas páginas hemos querido mostrar esa otra parte de la guerra que se libró en silencio, con gestos que desafiaron la lógica de la violencia: un entierro digno, el respeto por el adversario, el reconocimiento de su humanidad, no disparar, la atención médica, devolver un casco, estrechar la mano del adversario, conocer su familia años después. Esta parte humana, que rara vez aparece en los libros de historia, es la que se revela en el pulso humano de quienes estuvieron allí. 

La coherencia entre estos testimonios y los principios clásicos de la guerra justa muestra que, más allá de las motivaciones políticas, el comportamiento en el campo de batalla mantuvo un marco ético ampliamente aceptado por ambos bandos, lo cual diferencia esta guerra de muchos conflictos actuales marcados por perfidia, ataques indiscriminados y tácticas que erosionan la noción de honor militar. 

Malvinas/ Falkland representó la última guerra entre caballeros, porque en esas trincheras no se enfrentaron combatientes motivados por la religión, ni el odio, ni el fanatismo, sino por el cumplimiento con su deber. Como describe el Capitán Philippi, su objetivo no era matar a los británicos del Ardent, sino neutralizar el buque, que dejara de operar, y que se salvaran todos sus tripulantes. Esto representa la aplicación de los principios de Guerra Justa: 

● Necessitas militaris/ Necesidad militar, las operaciones son contra bases/flotas, no civiles. 

● Humanitas/ Humanidad del no sufrimiento innecesario. 

Detrás de cada combatiente había una familia en vilo: una madre que rezaba, o que ponía sus pies en agua helada para sentir lo que sentía su hijo a miles de kilómetros, una esposa que velaba junto al télefono, un hijo que dibujaba el regreso de su padre y padres que ocultaban el temor tras una fachada de fortaleza y orgullo; todos soñando lo mismo: su regreso y un abrazo. 

Esperamos que el lector haya disfrutado de estas páginas como nosotros de escribirlas y que haya logrado conocer otra parte del conflicto de Atlantico Sur, tal vez menos difundido o conocido, de la mano de sus propios protagonistas. 

En un mundo donde los conflictos actuales, motivados por el odio, que olvidan los códigos de honor y el respeto por el adversario, la guerra de Malvinas/Falkland permanece como un testimonio de que, la caballerosidad en combate no es un mito, sino un valor real, vivido y recordado por quienes lo protagonizaron. Quizás ese sea su mayor legado: enseñarnos que la memoria no solo se construye con la historia de las batallas, sino también con las manos que, después de disparar, saben tenderse para honrar, abrazar y reconciliar. 

Malvinas/Falkland, a través de generaciones, nos deja una enseñanza: aún en medio de la guerra, es posible encontrar gestos de humanidad, dignidad y caballerosidad. 

Finalizamos con el poema Juan López y John Ward, escrito por Jorge Luis Borges, dos jóvenes, uno argentino y otro británico, que mueren en la Guerra de las Malvinas. Borges lo escribió como una reflexión sobre el absurdo de la guerra y la hermandad entre los hombres más allá de las fronteras, que pertenecían a una misma cultura. 

Juan López y John Ward 

Jorge Luis Borges – Los conjurados (1985) 

Les tocó en suerte una época extraña.


El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, 

de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, 

de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos. Esa división, cara a los cartógrafos, auspiciaba las guerras. 

López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil; 

Ward, en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown. Había estudiado castellano para leer el Quijote

El otro profesaba el amor de Conrad, 

que le había sido revelado en un aula de la calle Viamonte. 

Hubieran sido amigos, 

pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, 

y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel. 

Los enterraron juntos. 

La nieve y la corrupción los conocen. 

El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender. 



Cama de un soldado inglés. 
Cama de un soldado inglés. 














Soldados Argentinos.
Soldados Argentinos.


Soldados Británicos.
Soldados Británicos.

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