top of page

El conflicto de las Islas Malvinas/Falklands, la última guerra entre caballeros


Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente la posición del FAD 


 Por Lucía Anahí Brogiolo y Javier Rodriguez 

Lucia Anahí Brogiolo: Licenciada en Ciencia Política y Relaciones Internacionales. Máster de analista de inteligencia en el LISA Institute (Madrid) en 2024. Actualmente realizando el Máster en Análisis de Inteligencia de la Universidad Rey Juan Carlos y Carlos III (Madrid) - edición XV- 
Javier Rodríguez: Miembro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en España, ámbito Guardia Civil, responsable de inteligencia en una infraestructura crítica. 


 Resumen ejecutivo: 

La trilogía que presentamos a continuación es el resultado del trabajo conjunto de dos autores e investigadores, cuyo objetivo es ofrecer una nueva mirada del conflicto de la Guerra de Malvinas/Falklands de 1982, desde una perspectiva profundamente humana y con el mayor grado de objetividad posible. 

En nuestro caso, queremos focalizar el estudio desde la perspectiva de la inteligencia, puesto que es un conflicto que ha sido someramente estudiado en el ámbito puramente militar pero, sin embargo, no es tan conocido los hechos relacionados en el ámbito del análisis de inteligencia y sobre todo, de las actividades de obtención de información que se realizaron durante el conflicto. 

Por último, pero no menos importante, este trabajo busca reivindicar a todos los soldados que participaron en la guerra: hombres para quienes el conflicto representó un antes y un después en sus vidas, y que lo arriesgaron todo en cumplimiento de su deber y en defensa de su patria, Argentina y el Reino Unido, muchos de ellos jamás volvieron a sus casas, eran padres, hermanos, hijos o esposos, quizás, como escribió el filósofo George Santayana “sólo los muertos han visto el final de la guerra”. 

El primer artículo examina el papel desempeñado por la Unión Soviética en el conflicto, en el marco de la Guerra Fría, y su cooperación táctica con Argentina mediante la provisión de imágenes satelitales e inteligencia de señales orientada a objetivos estratégicos británicos. 

El segundo artículo se centra en las operaciones de inteligencia llevadas a cabo por el Reino Unido, así como en el despliegue y las acciones realizadas por el Ejército Argentino en el territorio continental. 

Finalmente, el tercer artículo propone un análisis del enfrentamiento entre soldados de ambos bandos —dentro y fuera del campo de batalla—, explorando la idea de este conflicto como la "última guerra entre caballeros", a partir de una valiosa recopilación de testimonios narrados por sus propios protagonistas, tanto argentinos como británicos. 

Esperamos que el lector disfrute de estas páginas tanto como nosotros disfrutamos del proceso de elaboración, y que pueda descubrir otra faceta de la Guerra de Malvinas/Falklands: los vínculos que surgieron entre adversarios, el respeto mutuo forjado en combate y la memoria compartida que trasciende el paso del tiempo y las fronteras, no en vano, ambos contendientes pertenecen a una misma civilización y cultura.


Primer artículo: “La Unión Soviética y Chile, o cuando el en emi go de mi ene mi go es mi ami go” 

La colaboración soviética con Argentina durante la Guerra de Malvinas/Falklands (1982), la cooperación chilena a Reino Unido y el rol geopolítico de la inteligencia satelital en un conflicto entre potencias del mismo bloque occidental. 

Contexto geopolítico 

El conflicto por las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur se desarrolló en un contexto internacional caracterizado por la lógica bipolar de la Guerra Fría. Específicamente, tuvo lugar durante la etapa conocida como el “reinicio de las hostilidades” o Second Cold War, comprendido entre 1979 y 1985, marcada por un resurgimiento de las hostilidades indirectas entre las dos superpotencias. 

Desde la firma de la Paz de Westfalia (1648), tras la Guerra de los Treinta Años, el sistema internacional se rigió por el principio del equilibrio de poder, tanto en su dimensión normativa (doctrinal) como en su manifestación práctica (estratégica). El primero se refiere a la búsqueda activa de un balance entre actores estatales como objetivo de la política exterior. El segundo, basado en precedentes históricos, se manifiesta en decisiones concretas de posicionamiento estratégico. Como señala Henry Kissinger al analizar el rol británico en el siglo XVIII: 

“El control de los mares permitió a Gran Bretaña elegir el momento y la escala de su participación en el continente europeo para actuar como garante del equilibrio de poder. (...) Podía respaldar al actor más débil frente al más fuerte, impidiendo así que una sola potencia 

alcanzara la hegemonía en Europa.” 

Este marco analítico permite ampliar la comprensión de las decisiones estratégicas adoptadas por los Estados ante un determinado escenario. En particular, permite identificar la primera característica que distingue este conflicto: la Guerra de Malvinas/Falklands enfrentó a dos países —Argentina y el Reino Unido— que, en términos ideológicos, formaban parte del mismo bloque occidental dentro del sistema bipolar, algo que contrasta con los patrones típicos de los conflictos por alineamiento de la Guerra Fría. Esta anomalía llevó al escritor Jorge Luis Borges a definir la guerra con ironía como “una pelea entre dos calvos por un peine”, resaltando lo geopolíticamente contradictorio del enfrentamiento. 

En términos diplomáticos, el ministro de exteriores español de la época, Fernando Morán, ante la pregunta de un periodista pidiendo su opinión del conflicto y comparándolo con el contencioso de Gibraltar, expresó que “es un conflicto distante, distinto y distonto”, indicando de esta manera que ese conflicto de Malvinas/Falklands era absolutamente incomprensible. 

Por ello, el proverbio árabe elegido como título de este artículo resume esa lógica estratégica: ante la oportunidad de debilitar la proyección militar británica—miembro clave de la OTAN— en una región fuera del alcance directo de sus tratados, la URSS decidió apoyar a Argentina mediante inteligencia satelital de alta precisión, sin comprometerse oficialmente en el conflicto. Este apoyo, silencioso pero significativo, incluyó la transmisión de coordenadas geoespaciales de buques británicos mediante satélites de reconocimiento oceánico, lo que habría contribuido a operaciones aéreas argentinas claves, como el hundimiento del Atlantic Conveyor o del HMS Coventry

Este artículo examina en detalle esa cooperación táctica no declarada, en el contexto geopolítico del período 1979–1985, caracterizado por el recrudecimiento de la Guerra Fría. A través del análisis de fuentes militares, registros orbitales y documentos diplomáticos, se propone revisar cómo esta colaboración —entre actores ideológicamente opuestos— revela una lógica de poder más pragmática que doctrinaria, en la que el enemigo de mi enemigo puede convertirse, al menos temporalmente, en un aliado funcional. 


Participación de la URSS: cooperación satelital e inteligencia estratégica en el conflicto del Atlántico Sur: 

Durante la Guerra de Malvinas/Falklands de 1982, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) brindó apoyo indirecto a Argentina mediante el suministro de inteligencia de señales (SIGINT) e inteligencia de imágenes (IMINT) recolectada por satélites de reconocimiento oceánico. Esta colaboración permitió el monitoreo de movimientos navales británicos en el Atlántico Sur, contribuyendo a los esfuerzos argentinos por identificar, localizar y atacar activos estratégicos del Reino Unido. 

Durante el transcurso del conflicto, la URSS puso en órbita una serie de satélites con capacidad de reconocimiento naval electrónico, desde el cosmódromo de Tyuratam (hoy Baikonur, Kazajistán): 

● El día 29 de abril de 1982: se realizó el lanzamiento del Kosmos-1355, de tipo US-P (también designado por Occidente como EORSAT, Electronic Ocean Reconnaissance Satellite), alimentado por paneles solares, especializado en intercepción de emisiones electrónicas navales. 

● El día 14 de mayo de 1982 se realizó el lanzamiento del Kosmos-1365, de tipo US-A (conocido como RORSAT, Radar Ocean Reconnaissance Satellite), equipado con radar activo y alimentado por un reactor nuclear BES-5 de uranio-235. Su misión era detectar, mediante radar de apertura sintética (SAR), buques de superficie británicos, incluso en condiciones meteorológicas adversas o de ocultamiento electrónico. 

● El día 1 de junio de 1982: se lanzó el Kosmos-1372, también de tipo US-A, que operó en tándem con el Kosmos-1365, con un desfase orbital de aproximadamente 45 minutos para proporcionar una cobertura más constante sobre la región. 

Estos satélites estaban específicamente diseñados para operaciones de vigilancia oceánica, orientadas a detectar flotas navales de la OTAN. La disposición orbital de los RORSAT—con trayectorias polares bajas y repetición frecuente de paso— les permitió cubrir la región del Atlántico Sur en momentos clave del conflicto. 


  • US-P / EORSAT (Kosmos-1355): Recopilaban inteligencia electrónica pasiva (ELINT), captando emisiones de radar y comunicaciones navales. 

  • US-A / RORSAT (Kosmos-1365 y 1372): Utilizaban radar activo para mapear la ubicación de buques, incluso en condiciones de radio silencio o nubosidad total, características comunes en el teatro de operaciones del Atlántico Sur. 


En la jerga de la inteligencia occidental, los satélites soviéticos eran clasificados en dos grandes categorías: EORSAT (Electronic Ocean Reconnaissance Satellite) y RORSAT (Radar Ocean Reconnaissance Satellite). Los primeros, como el Kosmos‑1355, operaban mediante alimentación solar y se enfocaban en la intercepción pasiva de señales electrónicas navales (ELINT), mientras que los segundos, como el Kosmos‑1365 y el Kosmos‑1372, estaban equipados con radares activos alimentados por reactores nucleares BES‑5 de uranio enriquecido (U‑235), lo que les confería capacidades de vigilancia oceánica autónoma y precisa en cualquier condición climática o de ocultamiento electromagnético. 

Estos sistemas transmitían coordenadas geográficas codificadas de unidades navales británicas en despliegue, incluidos portaaviones, destructores y buques logísticos. La inteligencia recolectada por estos sistemas era enviada al centro de comando soviético en Moscú, desde donde, según fuentes periodísticas y diplomáticas, se retransmitía por télex (permite el envío de mensajes escritos, similar a un telegrama, mediante una red de teletipos) en sobres cerrados a la embajada soviética en Buenos Aires, y desde allí a las autoridades militares argentinas. Si bien no existió una estructura formal de cooperación, el flujo de datos fue sostenido durante varias semanas del conflicto. 

En paralelo, el 7 de abril de 1982, el Comando Aéreo Estratégico de la Fuerza Aérea Argentina elaboró el Plan de Operaciones 2/82, titulado “Mantenimiento de la Soberanía”. Esta planificación operativa incluía una Directiva Nº1, en la que se establecía objetivos prioritarios, entre ellos, la detección y destrucción de los portaaviones británicos mediante el uso combinado de información obtenida por medios propios —como el radar AN/TPS-43, desplegado cerca de Puerto Argentino/Stanley— y fuentes externas, entre las que se incluiría la inteligencia satelital soviética. 

De acuerdo con fuentes rusas y documentos analizados posteriormente, el Kosmos‑1365 logró detectar y transmitir la ubicación de diversas unidades de la Task Force 317, incluyendo los portaavionesHMS Hermes y HMS Invincible, y más adelante los buques Atlantic Conveyor y 

HMS Coventry, contribuyendo así al planeamiento de los ataques aéreos argentinos. 

Primer indicio operativo de apoyo soviético

Uno de los primeros indicios tangibles del apoyo soviético se produjo el 2 de mayo de 1982, cuando el submarino nuclear HMS Conqueror del Reino Unido torpedeó y hundió al ARA General Belgrano, provocando la muerte de 323 tripulantes argentinos. El primero en llegar a la zona del hundimiento fue el buque de arrastre soviético MBRT Belokámest, bajo el mando del capitán Revkov, que logró recuperar tres cuerpos de marinos argentinos, un gesto humanitario, que evidenció una presencia táctica de la URSS en el teatro operativo. 

Golpes tácticos de Argentina apoyados por inteligencia soviética: 

El día 10 de mayo de 1982: La Armada Argentina finalizó el hundimiento del destructor HMS Sheffield (D80), previamente averiado el 4 de mayo por el impacto de un misil Exocet AM‑39, lanzado por un avión Dassault-Breguet Super Étendard. La operación, enmarcada dentro del ataque al grupo de portaaviones, resultó en la muerte de 22 marinos británicos. 

Esta operación fue un punto de inflexión táctico y mediático en el conflicto: 


● Era la primera nave británica hundida en combate desde la Segunda Guerra Mundial: su hundimiento marcó un cambio de percepción para el público y el mando militar británico, evidenciando que el conflicto era una verdadera guerra moderna. 

● Lecciones operativas sobre defensa contra misiles Exocet: el Board of Inquiry británico criticó que Sheffield no dio alarmas 

suficientes ni ejecutó maniobras evasivas. Se destacó también que el radar Tipo 965 no estaba optimizado para detectar misiles en vuelo rasante sobre el mar. 

● La operación puso de manifiesto el entrenamiento avanzado de vuelos a baja altitud y trabajo coordinado de la Fuerza Aérea Naval Argentina, y su capacidad en la explotación de la inteligencia obtenida. 

● Efecto psicológico y operativamente disruptivo: la pérdida adelantó un repliegue parcial británico del dispositivo naval, obligando a reorganizar la defensa y alterar las patrullas planeadas.


Otros hundimientos clave en mayo de 1982: operaciones combinadas y precisión táctica: 

En paralelo al ataque a otros buques de la Royal Navy, el hundimiento del SS Atlantic Conveyor fue catastrófico para la logística británica. Misiles lanzados por aviones de la Armada Argentina impactaron la embarcación, provocando un incendio incontrolable. 

Este buque transportaba los helicópteros de apoyo a las tropas terrestres, todos destruidos en el ataque. Esta pérdida forzó al ejército británico a realizar el avance terrestre final hacia Puerto Argentino/Stanley a pie, sin apoyo aéreo orgánico. 

Su detección habría sido posible gracias a información provista por el satélite soviético Kosmos-1365, que operaba en órbita durante esos días, complementando las limitadas capacidades argentinas de vigilancia naval. La cooperación indirecta de la URSS en este aspecto fue una de las contribuciones externas más significativas al esfuerzo bélico argentino en el Atlántico Sur. 


Tabla cronológica: ataques a buques británicos (mayo de 1982): 

Fecha 

Objetivo 

Resultado Militar 

Plataforma de 

Ataque 

Apoyo de inteligencia soviética 

Impacto a nivel táctico 

4 de 

Mayo 

HMS Sheffield 

Gravemente dañado y posterior hundimiento (10 de mayo). 

Super Etendard lanzando 

AM‑39 Exocet. 

Coordinadas previas posiblemente vía Kosmos -1365. 

Punto de inflexión táctico y mediático: 1º nave británica hundida desde la Segunda Guerra Mundial. 

21 de 

Mayo 

HMS Ardent (F184) 

Hundido (frente al estrecho de San Carlos). 

3 x IAI (Dagger) 

Satélite RORSAT 

con órbita activa en la zona. 

Primer buque hundido en zona crítica del desembarco. 

23 de 

Mayo 

HMS Antelope (F170) 

Gravemente dañado, explota el 24 de mayo. 

2 x A-4B Skyhawk (FAA) 

Detección previa de formaciones navales británicas. 

Retirada temporal del grupo británico del área de fuego. 

25 de mayo 

HMS Coventry (D118) 

Daño estructural severo y posterior hundimiento (se pierden 19 tripulantes). 

2 x A-4B Skyhawk (FAA) 

Coordinadas previas posiblemente vía Kosmos -1365 

Uno de los mayores golpes directos a escoltas antiaéreas británicas. 

25 de mayo 

Atlantic Conveyor (logístico) 

Hundido (pierden 10 helicópteros clave). 

2 x Super 

Etendard (ARA) 

Inteligencia satelital clave para su detección y localización. 

Hundimiento y pérdida total de helicópteros, obligando a las tropas británicas a realizar cruces terrestres a pie en las Malvinas.



Comparación con otros satélites utilizados en el conflicto

A diferencia de los sistemas aliados occidentales —como los satélites meteorológicos NOAA, los de observación terrestre LANDSAT, o los de navegación TRANSIT utilizados por el Reino Unido y Estados Unidos—, los satélites soviéticos estaban específicamente diseñados para el seguimiento de blancos navales y guerra electrónica. Esto otorgó a Argentina una fuente externa de inteligencia táctica de alta precisión, imposible de replicar con medios propios. 

Sin embargo, el impacto operativo efectivo de esta información estuvo limitado por diversos factores: 

● La falta de integración doctrinaria dentro del sistema de mando argentino. 

● El escaso tiempo de procesamiento y reacción, por la falta de infraestructura adecuada para la interpretación y explotación de inteligencia en tiempo real. 

● El contexto bipolar del sistema internacional, en bloques ideológicamente opuestos, impidió reconocer públicamente la ayuda soviética, lo cual condicionó también su empleo estratégico. 


Participación de Chile en el conflicto: 

La República de Chile, gobernada entonces por la dictadura del general Augusto Pinochet, mantuvo oficialmente una postura de neutralidad. Sin embargo, múltiples fuentes diplomáticas, militares y documentales desclasificadas confirman que Chile desempeñó un rol activo en apoyo al Reino Unido, principalmente en el ámbito de la inteligencia, alerta temprana y facilitación logística, en el marco de una cooperación encubierta entre ambas naciones. 

Esta cooperación chilena en el ámbito operativo proporcionó asistencia de inteligencia altamente significativa a las fuerzas británicas que se manifestó en diversas formas de colaboración encubierta:


  • Contribución de inteligencia y sensores: 


La Fuerza Aérea de Chile (FACh) disponía, para 1982, de sistemas de radar de vigilancia aérea de largo alcance instalados en Punta 

Arenas, Balmaceda y otras bases estratégicamente ubicadas en el sur del país. 

Estas estaciones eran capaces de detectar despegues, trayectorias y movimientos aéreos provenientes de aeródromos argentinos clave como Río Grande, Río Gallegos, Comodoro Rivadavia y Ushuaia. 

La información obtenida a través de estos sensores era transmitida en tiempo real al comando británico, lo que permitió a la Task Force anticipar ataques aéreos y reconfigurar su dispositivo de defensa aérea de forma dinámica. 

Según declaraciones del entonces jefe del enlace militar británico en Chile, Comodoro Sidney Edwards (RAF), esta cooperación resultó decisiva para el curso del conflicto: “Sin la ayuda de Chile, no habríamos ganado la guerra” (Edwards, 2014). 


Despliegue y uso de aeronaves encubiertas: 

Reino Unido desplegó aeronaves especializadas en recolección de inteligencia sobre territorio chileno, operando de forma encubierta. Estos vuelos incluyeron misiones de aviones Canberra PR.9 (reconocimiento fotográfico), un Nimrod R.1 (SIGINT y guerra electrónica), y un avión especializado del tipo “Moondrop” con capacidades de intercepción de señales. Para evitar su identificación, muchas de estas aeronaves operaron con insignias chilenas falsas y fueron recibidas en la base aérea de Punta Arenas tras rutas indirectas vía Tahití e Isla de Pascua. Estas acciones contaron con la autorización directa del general Fernando Matthei, comandante en jefe de la FACh, quien gestionó el intercambio al margen del aparato diplomático para asegurar la confidencialidad. 

Intercambio con SAS y operaciones especiales: 

En el plano de las operaciones especiales, Chile también fue considerado como posible plataforma de lanzamiento para misiones del Special Air Service (SAS) británico. Un ejemplo concreto fue la planificación de la fallida Operación Mikado, cuyo objetivo era atacar la base aérea argentina de Río Grande, desde donde operaban los aviones Super Etendard armados con misiles Exocet (desarrollada en el segundo artículo). Según informes británicos y declaraciones del propio Edwards, oficiales del SAS realizaron reconocimientos previos desde territorio chileno, aunque la misión fue finalmente abortada por razones tácticas y de seguridad. 

Coordinación y cobertura política: 

El apoyo a Londres se ejecutó bajo un alto grado de confidencialidad. El ministro general de la FACh, Fernando Matthei, mantuvo el esquema dentro de los servicios militares, preservando el secreto frente a la Cancillería chilena y evitando filtraciones diplomáticas. 

La colaboración de Chile con el Reino Unido se produjo en un contexto de competencia regional y rivalidad estratégica. Las relaciones bilaterales con Argentina estaban marcadas por una tensión sostenida, derivada del conflicto limítrofe por el canal del Beagle, que alcanzó su punto más crítico en 1978, cuando ambas naciones estuvieron al borde de una confrontación militar directa. En este contexto, el apoyo a Londres fue también una forma de equilibrar regionalmente la amenaza argentina, con beneficios colaterales: tras el conflicto, el Reino Unido autorizó ventas de armamento a Chile, incluyendo aviones Hawker Hunter, Canberra, sistemas de radar y otros equipos de inteligencia militar previamente restringidos. 

Por lo tanto, Chile mantuvo una retórica neutral durante la guerra, su cooperación con el Reino Unido fue sustancial en términos de inteligencia, logística y apoyo encubierto. Su participación tuvo influencia a nivel operativo y consolidó una alianza estratégica con Reino Unido que, perdurará en la década posterior, particularmente en el ámbito de defensa y tecnología militar. 


Conclusión

El análisis precedente permite concluir que el empleo de inteligencia proporcionada por actores externos representó un elemento decisivo en la conducción estratégica y operacional del conflicto. 

Reino Unido recibió apoyo crítico por parte de Chile, a través del suministro de datos de radar y alerta temprana, el acceso encubierto a infraestructura aérea en el sur del país, y la coordinación táctica con sus servicios de inteligencia y unidades de operaciones especiales. 


Mientras que el análisis del apoyo satelital proporcionado por la Unión Soviética a la República Argentina durante el conflicto confirma la existencia de una cooperación táctica no declarada, estructurada bajo los parámetros de la guerra limitada y la competencia indirecta típica del sistema bipolar de la Guerra Fría. 


La transferencia de inteligencia geoespacial precisa, facilitada por plataformas RORSAT (US- A), permitió a Argentina acceder a capacidades de vigilancia oceánica que excedían su propio desarrollo tecnológico, y que habrían tenido incidencia operacional en ataques a unidades navales británicas de alto valor estratégico, como el Atlantic Conveyor, el HMS Coventry, HMS Sheffield o el HMS Ardent. 


Esta colaboración, aunque marginal en términos de volumen, fue significativa en su impacto cualitativo y revela un patrón de comportamiento interestatal donde la lógica de balance de poder se impuso sobre las divisiones ideológicas. Lejos de representar una alianza formal, el caso analizado constituye un ejemplo de realineamientos funcionales orientados por objetivos comunes de corto plazo, dentro del marco de una guerra por delegación restringida. 


En síntesis, el proverbio que titula este trabajo adquiere un sentido operacional concreto: en contextos de rivalidad global, la identificación de un adversario común puede habilitar formas de cooperación pragmática entre actores estratégicamente disímiles, reconfigurando temporalmente las estructuras clásicas de alineamiento y proyección de poder. 



Fuentes: 

1. US-A and US-P military satellites: https://www.russianspaceweb.com/us.html 

2. The Falkland Islands War: Then and… de Patrick J. Garrity discusses Soviet and Russian interest in the Falklands. https://claremontreviewofbooks.com/digital/the- falkland-islands-war 

3. Russian book confirms Soviet intelligence support for Argentina in Malvinas war: https://en.mercopress.com/2010/05/31/russian-book-confirms-soviet-intelligence- support-for-argentina-in-malvinas-war 

4. Soviéticos en Malvinas: https://www.elsnorkel.com/2011/05/sovieticos-en- malvinas_8038.html 

5. Operaron submarinos soviéticos en el Conflicto por las Malvinas en 1982?: 

6. La historia secreta de cómo los satélites soviéticos ayudaron a hundir buques de guerra británicos en el Atlántico Sur: https://www.rbth.com/history/326350-soviet-satellites-sink- british-warships. 

7. Sidney Edwards, revela en su libro ‘My Secret Falklands War’, la importancia de radares de 

largo alcance instalados en Magallanes. 


Comentarios


Ya no es posible comentar esta entrada. Contacta al propietario del sitio para obtener más información.
bottom of page